Exterminio de nobles pueblos

Los navajos

De todos los pueblos indios que fueron exterminados a los navajos les toco lo menos malo si así se puede decir

negocio de pieles

Los navajos,  ocupaban junto con los Apaches y otras tribus menores las zonas áridas del Sudoeste, en especial Arizona y Nuevo México. Tenían una larga tradición de guerras con los mexicanos y con los españoles, que nunca habían logrado someterlos ni demostrado excesivo interés en ello.

Con los colonos blancos que querían asegurar una ruta estable hacia California, las cosas marcharon de distinto modo. Los soldados del tío sam construyeron un primer fuerte —llamado Fort Defiance— en lo más comprometido de la ruta, a la entrada del llamado Cañon bonito. La situación era molesta para los navajos y para su jefe.Manuelito

Quizá no hubiese llegado a mayores de no haberse producido la querella de los pastos. Pues, en efecto, lo primero que hizo el hombre blanco fue prohibir que el piel roja llevara sus animales a pastar donde siempre lo habían hecho.

jefe-navajo-joselitoManuelito este gran jefe valeroso logró que se respetara la orden, pero no pudo evitar que algunos toros, a los que nadie se había ocupado de enseñar política, traspasaran los límites y pastaran en las nuevas tierras del hombre blanco. Los militares, entonces, cortaron por lo sano: atacaron y dieron muerte a todas las bestias, condenando a los navajos al hambre.

Manuelito reaccionó en consecuencia y lanzó a sus hombres al combate. Robos de ganado, asaltos a los convoyes de aprovisionamiento y algunos ataques fallidos a Fort Defiance fueron considerados como un acto de guerra por el Gobierno de Estados Unidos. Se produjeron, con tropas de refuerzo recién llegadas, más escaramuzas que combates en aquel terreno inhóspito donde los hombres blancos se entregaban a todos los diablos y donde fácilmente les invadía el desánimo. En esas escaramuzas no fueron precisamente los navajos los que llevaron la peor parte, por lo que las autoridades militares se decidieron a acordar una paz. Esta tuvo lugar en enero de 1861.

El caballo de los indios mirando las rocosas

Pero duró poco, y el motivo de la ruptura también fue fútil. Se había establecido un nuevo fuerte en la zona — Fort Flauteroy— y los navajos solían celebrar en las cercanías carreras de caballos con los oficiales del ejército. Una de las carreras, en la que se habían cruzado fuertes apuestas, la ganaron los navajos, pero los militares se negaron a reconocerlo y trastocaron el resultado. Cuando los soldados se presentaron a cobrar el importe de las apuestas, se produjeron disturbios. La tropa disparó entonces indiscriminadamente contra los navajos incluyendo mujeres y niños  , empleando hasta las piezas de artillería, aunque a algunos militares les repugnaba aquello y se negaban a obedecer. El resultado fue la ruptura total de aquella precaria paz que había durado de enero a setiembre de 1861. Menos de nueve meses.

La guerra civil entre el Norte y el Sur pareció que iba a proporcionar un cierto alivio a los atribulados navajos, pues los militares ya tenían otras peleas en que ocuparse, y la que se había armado entre Chaquetas Azules y Chaquetas Grises no tenía pinta de acabar pronto. Pero, desgraciadamente para ellos, no fue así. Cuando el Gobierno decidió enviar tropas de la Unión “Chaquetas Azules” desde California a los frentes de combate situados en el Este, las columnas atravesaron territorios navajos donde la agricultura era próspera y donde un hombre ambicioso podía hacerse rico en pocos años con sólo aplicar las nuevas técnicas.

¿ Qué era mejor ?

Quedarse ganando plata en aquel pequeño paraíso o ir a luchar contra los Chaquetas Grises y acabar seguramente criando malvas en un cementerio de campaña? Interesante pregunta esta; y varios altos jetes, entre ellos el general James Carleton, se la plantearon en seguida.

Pero ¿cómo desobedecer las órdenes del alto mando? ¿Cómo justificar la permanencia de las tropas en territorio navajo?

No era tan complicado: bastaba con demostrar que los navajos constituían un enemigo terrible y que no habría seguridad para el hombre blanco mientras ellos dominaran aquella tierra.

A esa tarea se dedicó Carleton con el mayor entusiasmo, atacando en primer lugar a los apaches mescaleros, que también ocupaban la zona, y que le ofrecían una buena excusa, pues, en efecto, eran incorregibles ladrones de ganado. La orden de Carleton, transmitida en setiembre de 1862, merecería figurar, más que en esta historia, en una de terror !

No habrá lugar para consejos ni conversaciones con los indios. Los hombres serán muertos cuando y dondequiera que se les encuentre. Las mujeres y los niños pueden ser tomados como prisioneros, aunque, desde luego, no se les debe dar muerte… “

Esta última salvedad  todo hay que decir,  no siempre se cumplía y el destino de tan inocentes prisioneros nunca fue muy halagüeño  las jóvenes indias acababan convirtiéndose en queridas de los oficiales o en prostitutas baratas para la tropa, mientras que muchos niños eran robados por soldados desaprensivos y vendidos en México, donde los ricos aún practicaban con ellos una especie de esclavitud. Este era el panorama.

Por supuesto que hubo ciertas conversaciones de paz, pero los delegados indios fueron intencionadamente asesinados , el echo de que un oficial también encontrara la muerte hizo que Carleton pudiera seguir con su política hasta el fin, ya que siempre podía justificar ante Washington “que los salvajes no admitían el diálogo”.

Como última fase de su plan, el ambicioso general instaló la reserva de Bosque Redondo, en un paraje miserable, a la que deberían trasladarse todos los indios si no querían ser exterminados. Los mescaleros, faltos de fuerza y de verdadera organización política, fueron los primeros en verse obligados a aceptar.

A Continuación, Carleton dirigió todas sus fuerzas contra los navajos. Y contó para ello con la ayuda de un contradictorio personaje que ha pasado a la leyenda y del que aquí hay que matizar.

kit karson grann traidor Kit Carson.

Kit Carson era un aventurero blanco que amaba a los indios y los comprendía. Había vivido largas temporadas con ellos, aislado de toda civilización, e incluso tenía un hijo con una muchacha arapajo, aparte de haber vivido maritalmente al menos con una cheyenne. Puesto que él era quien mejor conocía las tierras de los navajos y gozaba de su amistad, el ambicioso Carleton lo empleó primero como intermediario cuando le interesaba ganar tiempo, y luego como jefe guerrero a fin de asestar el golpe de gracia a los nativos. Para Kit Carson, que además se había unido a las tropas con el fin de luchar contra los sudistas y no contra los indios, aquélla fue una verdadera prueba del fuego, un tormento para su conciencia, pues le era imposible hacer coincidir una fidelidad con otra.

Al fin se integró en la lucha al lado de los hombres blancos, usando de su influencia entre las tribus por ejemplo, la de los utes para que pelearan contra sus hermanos de raza.

Todo ello hace que su figura, si bien merece en lineas generales un respeto ante la historia, no sea tan limpia como la leyenda pretende.

De todos modos hay que tener en cuenta que ésta fue una característica casi común en los personajes del Oeste, pues la dureza de las condiciones en que vivían y la fuerza de las pasiones desatadas los convertían muchas veces en juguetes de las circunstancias, por sólida que fuera su voluntad.

Antes de seguir leyendo paseate por el cañón de Chell y asi podrás imaginar mejor el escenario de la ultima gran resistencia

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Los navajos eran mucho más fuertes que los mescaleros y se dispusieron a resistir. Instalaron su reducto principal en el cañón de Chelly, en un lugar casi laberíntico que, sin embargo, ofrecía la suficiente cantidad de tierra fértil para mantener a los defensores. Y las hostilidades comenzaron para la que había de ser “la batalla final”.

Carleton inició una política que luego había de tener ilustres seguidores entre otros sujetos similares a él: la de la “tierra quemada”. Ofreció recompensas en metálico a los soldados que mataran a los animales de que se sustentaban los indios y a los que arrasaran sus cosechas. Como la paga de un soldado raso no llegaba entonces a veinte dólares al mes, puedes imaginarte  el entusiasmo con que fue seguida la consigna. La política de “tierra quemada” fue aceptada incluso por el propio Kit Carson.

El 6 de enero de 1 864, después de muchas penalidades y de rendirse parte de los navajos, se inició la marcha para la batalla definitiva. En condiciones casi inhumanas, pues la temperatura en las peladas mesetas era de varios grados bajo cero, los soldados atacaron por varios puntos a la vez y lograron conquistar el cañón. Largas columnas de prisioneros marcharon hacia el inhóspito destierro de Bosque Redondo donde hasta el agua era mala , y los que no estaban en condiciones de marchar fueron abandonados a la muerte por congelación. Todo lo que había en el cañón incluso los melocotoneros, orgullo de los agricultores indios fue arrasado por orden de Kit Carson.

Manuelito, el gran jefe, no se había rendido aún, sin embargo, y Carleton se dedicó a perseguirle con saña. Las luchas, las emboscadas, los desafíos de ese jefe navajo que se iba quedando cada vez más solo, llenarían páginas y mas paginas .

No se rindió hasta el 1 de setiembre de 1 866, cuando ya no le quedaban armas y tenía inútil un brazo a causa de una herida. Tuvo que entregarse sin condiciones al sanguinario Carleton, quien, irónicamente, pocos días después… ¡era relevado del mando! Si aquella orden se hubiese anticipado en unas semanas, pudo haber cambiado el destino de los indios.

En 1868, y gracias a la intervención del general Sherman, se firmó el tratado definitivo de paz, por el que los navajos supervivientes de Bosque Redondo un auténtico campo de concentración  podían volver a sus tierras, pero sometidos de una forma total al hombre blanco.

Navajos hoy

Hoy los descendientes de aquellos orgullosos guerreros se ocupan, por lo general, en oficios serviles en la misma zona, y están considerados como muy escrupulosos y limpios. Lamentan la tragedia de su pueblo, pero, a la vista de lo que sucedió con otros, la consideran soportable. Porque ellos conocieron la derrota, la muerte y el destierro, ésa es la verdad, pero al fin pudieron volver a vivir en el suelo de sus antepasados y sus dioses. Ellos son, después de todo,  en una historia que está teñida de sangre, los privilegiados del pueblo indio.

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3 pensamientos en “Exterminio de nobles pueblos

  1. Que se puede comentar ante las atrocidades, lo único que nos queda es pedir perdón, a todos los pueblos que el hombre blanco ha debastado y pedir perdón a Dios y rogar para que esto pare algún día.Las lágrimas se han secado y todo lo que queda es polvo, salvo la esperanza de un día mejor.

  2. La deuda que se tiene con los pueblos originarios es irreparable, es tiempo que el congreso de los EE.UU. reconozca su delito de LESA HUMANIDAD e indemnice a los sobrevivientes; de lo contrario la famosa historia del desarrollo americano, solo será la historia de la invasión de un pueblo genocida y depredador, cuyos crímenes superan largamente a HITLER y su holocausto judío.

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