Un alimento considerado natural para la mayoría de la gente, cuando en realidad es tan poco natural como la carne de vaca.

La leche es un producto obtenido de mamíferos y por tanto sujeto a los mismos problemas que éstos en cuanto a salud se refiere.

La naturaleza, sin embargo, nos indica siempre de manera sencilla cuál es el camino a escoger en materia de alimentación y por ello proporciona leche a las madres (y a los mamíferos hembras) durante unos meses concretos y se la retira de manera definitiva cuando es necesario.

El bebé, y también el ternero, necesita calostro al principio y leche después durante una época de su desarrollo de manera exclusiva. En esos meses es innecesario y hasta perjudicial darle otro tipo de alimento. Solamente si la madre no dispone de la cantidad o de la calidad necesaria se hace necesario suminis­trarles una leche adaptada, verdadero nombre de las llamadas “leches matemizadas”. Que un niño tome leche de vaca o que un ternero la tome de cabra son soluciones de emergencia, pero nunca soluciones ideales.

Una vez que el crecimiento del niño se establece, la naturaleza provoca el destete, justo en el momento adecuado. A partir de entonces el niño no necesita leche para su crecimiento, sino los demás alimentos. Hay un dato muy significativo para pensar que la naturaleza no puede estar equivocada al suprimir la lactancia y es que la mayoría de los adultos sentimos cierta repulsión hacia la leche tal como sale de la vaca. Solamente la manipulada (queso, yogur) o mezclada con café nos hace tolerarla. Por tanto, si es usted un bebedor de vasos de leche no se considere un afortunado, ya que al llegar a adultos nuestro aparato digestivo carece ya de los enzimas necesarios para su digestión.

Composición:

La leche de vaca contiene gran cantidad de proteínas, grasas, carbohidratos, calcio, vitamina A y B2. Todo ello en unas proporciones muy adecuadas para el ser humano, en especial para el bebé. Carece de las globulinas que contiene la leche de mujer y es demasiado rica en proteínas, pero debidamente modificada se asemeja bastante.
Contiene también 160 mg. de calcio por 100 gr., 91 mg. de fósforo y gran cantidad de vitaminas del grupo B y C, las cuales por supuesto se pierden en su mayoría en el procesado imprescindible. Es pues un alimento bastante completo, aun­que no excesivamente, bien digerido en estado natural. Con­sumida como yogur o queso suele reunir todas las cualidades y casi ninguno de sus inconvenientes.
Las modalidades “descremada” o “semidescremada” son un despropósito que no sabemos por qué las autoridades sanitarias consienten. Desequilibrar un alimento en sí casi completo es una más de las aberraciones que existen en el mercado.

¿Saludable o perjudicial?

En principio hay que considerarla un alimento nutritivo muy completo para los niños pequeños y poco aconsejable para los adultos. Manipulada y convertida en otro alimento como pueden ser los helados, las cremas o los quesos, es una forma muy aceptable de seguir gozando de la gran cantidad de nutrientes que contiene. Las otras variedades, como el yogur, la cuajada, el requesón o el kéfir, poseen todas sus virtudes y ninguno de los inconvenientes.

Por tanto y a modo de resumen

No consumas leche si ya eres adulto, aunque sí puedes consumir sus derivados. No tomes nunca leche descremada en la creencia de que te está haciendo un bien a tu organismo, porque no es así. Si padeces del hígado o de la vesícula biliar, olvídate de ella, lo mismo que si eres propenso a enfermedades alérgicas o cardiopatías. Teniendo asma o psoriasis es también una contra indicación absoluta.
Si tienes exceso de colesterol no creas que tomándola descremada solucionas tu problema. Mejor ingiere más productos vegetales, frutos secos en especial, más aceite de semillas y de oliva, así como pescados azules.

Diferentes tipos de leche y sus derivados

Leche cruda:

Nos referimos a aquella que tomamos inmediatamente que ordeñamos a la vaca. Esto, que en principio nos puede parecer muy saludable, no lo es, ya que el riesgo de coger infecciones es muy alto. Antes de que la leche fuera procesada industrialmente las infecciones que producían tuberculosis y tifus eran frecuentes en todo el mundo. Hay que tener en cuenta que la leche, una vez que sale de la vaca, es un alimento altamente perecedero en el cual se desarrollan con facilidad microorganismos patógenos. La naturaleza elabora la leche para alimento de los temeros y éstos la van a tomar directamente, sin posibilidad de contacto con el exterior.

Si el ser humano la emplea para su alimentación es algo que en principio no corresponde y por ello es lógico que debamos guardar ciertas precauciones si deseamos beberla.

Leche hervida:

Cuando nos dimos cuenta de los estragos que hacía en la población la leche cruda y se descubrió el desarrollo en ella de bacterias muy patógenas, se procedió a recomendar el hervido como solución más correcta y fácil. Pero el hervido, el cual por cierto nunca se llega a realizar poco más de unos segundos, apenas si es capaz de matar las bacterias poco activas, ya que las otras, incluido el bacilo de la tuberculosis, resisten incluso un hervido prolongado de quince minutos. Por tanto, al hervirla apenas si estamos comenzando a esterilizarla y sin embargo ese período corto basta para destruir una gran cantidad de vitaminas.

Si a pesar de ello deseamos beber leche fresca hay que calentarla durante media hora sin que llegue a hervir.

Leche pasteurizada:

En este proceso se pierden ya alguna cantidad significativa de vitaminas B-l,B-12yC, y se altera ligeramente su sabor original. La ventaja que tiene es que se conserva largo tiempo y solamente requiere guardarla en un lugar fresco, en sitio oscuro.

Una vez abierto el recipiente se puede conservar el resto si se mantienen las precauciones anteriores.

Leche esterilizada:

Pierde más vitaminas que la pasteurizada, pero su caducidad es muy larga, varios meses, y no requiere ni siquiera guardarla en frigorífico. Su desventaja es que una vez abierto el envase hay que consumirla en su totalidad o tirarla porque se contamina con rapidez.

Ambas leches se suelen vender homogeneizadas; esto es, que tiene rotas y disgregadas sus partículas grasas para evitar que se forme nata en la superficie.

Leche en polvo:

Apenas se utiliza para el consumo cotidiano por la gran pérdida de vitaminas que sufre en el deshidratado. No obstante se puede exportar a otros países y su caducidad es casi ilimitada conservada con un mínimo de precaución. Es adecuada para reservas en época de guerra.

Una vez reconstruida con agua hay que consumirla inmediatamente o hervirla prolongadamente si deseamos guardarla unas horas.

Leche condensada:

Suele contener un alto porcentaje de azúcar y fue el ali­mento básico de los niños durante los años 50-70. En la actualidad su consumo es muy bajo sin que exista una causa que lo justifique, ya que la mayoría de la gente añade a la leche azúcar en el momento de tomarla. La pérdida vitamínica es similar a la de la pasteurizada y su conservación es casi ilimitada mientras el envase esté cerrado.

Una vez abierto, siempre parcialmente, se puede conservar varios días en nevera, al abrigo de la luz, ya que la gran cantidad de azúcar que contiene hace que sea difícil que se desarrollen bacterias.

Leche evaporada:

Muy extendida en ciertos países, no contiene azúcar y tiene la particularidad de contener un 55 por 100 menos de agua que la leche fresca. Al tomarla se reconstruye en su justa proporción. Si se emplea para niños hay que procurar añadir el agua justa, nunca menos, ya que si se toma concentrada es muy indigesta.

La caducidad con el envase cerrado es de varios años, pero una vez abierto hay que consumirla rápida­mente, como si fuera leche esterilizada.

Leches vegetales:

La legislación no permite en la actualidad denominar leche a la que no procede de mamíferos aunque su aspecto sea similar. Las “leches vegetales” comercializadas son la de soja y la de almendras, ambas muy saludables, tan nutritivas como la de vaca y a unos precios asequibles. Se pueden tomar en sustitución de aquélla.

Leches descremadas total o parcialmente:

Se les extrae la nata que contienen y con ella se fabrica mantequilla o nata. Aun así, son más caras que la leche entera. Suelen perder las vitaminas liposolubles y actualmente se enriquecen con ellas, por lo que estamos tomando vitaminas químicas. Son una mala solución para tomar leche y no aportan ningún beneficio adicional. La publicidad nos quiere hacer creer que tomándola evitamos la obesidad y el exceso de colesterol, pero no es así. Lo único que conseguimos es consumir un alimento tan desequilibrado como el pan blanco.

Si crees que la leche no te conviene no la tomes de ninguna manera, ni siquiera descremada.

En resumen:

Una vez que hemos comprendido exactamente lo que podemos esperar de la leche y siempre que consideremos que la debemos beber o que su sabor nos apasione, está la otra cuestión:

¿Es saludable? ¿Puede ser terapéutica?

La leche no aporta propiedades terapéuticas salvo aquellas inherentes a su composición como nutriente bastante completo. En época de escasez económica y de alimentos, es indudablemente un buen recurso para toda la población, incluidos los niños. Cuando no es así y queramos aprovechar las ventajas nutritivas de la leche es mejor que la tomemos procesada

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